Los templos egipcios fueron construidos por el pueblo
egipcio para desarrollar el culto a sus dioses, que eran los
faraones, y en ellos los egipcios llevaban a cabo diversos rituales como
realizar ofrendas, recrear pasajes mitológicos a través de festivales y
protegerse de las fuerzas de la naturaleza.
Los faraones dedicaron
grandes cantidades de recursos para la construcción y el mantenimiento de los
templos. Los rituales eran administrados por sacerdotes y el pueblo permanecía
al margen de la participación directa en las ceremonias porque no tenía acceso
a las zonas más sagradas de los templos. La parte
más importante del templo era el naos o sancta sanctorum, que normalmente albergaba una imagen de culto o una
estatua del dios.
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| Naos |
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| Sanctorum |
Estas estancias
fueron creciendo en tamaño y lujo con el paso del tiempo, y así los templos
pasaron de simples santuarios en el periodo predinástico (fines del IV milenio a.C.) a los enormes edificios de piedra del Imperio Nuevo (1550-1070 a. C.). Su diseño típico consistía en una serie de
salas cerradas, patios abiertos y monumentales accesos flanqueados por pilonos todo
alineado por un eje que marcaba la ruta de los
festivales procesionales.
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| Templo de Karnak con sus pilonos |
Con la llegada del cristianismo, la religión politeísta egipcia tuvo que afrontar una creciente persecución, y el último templo fue cerrado en el 550 d. C. Docenas de templos han sobrevivido hasta nuestros días y algunos son atracciones turísticas de fama mundial, contribuyendo de manera importante a la economía del Egipto moderno.



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